Seguramente la costumbre de ponerle nombre a los jefes, principalmente, se manifestaba cuando eran adultos y según las características personales que los identificaban. Era una especie de apodo, de acuerdo con su aspecto físico o sus usos y costumbres. En el caso de este tecutli, se le llamó así porque fue muy belicoso y el más feroz de todos los jefes mexicas. Llevó a cabo una campaña contra los mazahuas y otomíes, en la que hizo muchos prisioneros que fueron sacrificados el día de su coronación. Con el paso del tiempo y durante los gobiernos de los diferentes caciques, el templo de Huitzilopochtli fue ampliado. La reinauguración de este Templo Mayor fue hecha durante el mandato de Ahuízotl, cuyo nombre era el de un pececillo feroz de las lagunas mexicanas. Cuenta la relación indígena que cuando menos veinte mil seres humanos fueron sacrificados en una semana de festividades.
Ahuízotl se empeñó en hacer construir un acueducto que trajera a México el agua desde Coyoacan, contrariando la opinión de quienes conocían el problema. Se produjo en México una gran inundación y cuando dirigía los trabajos de salvamento se dio un golpe terrible en la cabeza, contra una viga, lo que le produjo la muerte, para descanso de todos los vasallos que tenían que entregar periódicamente muchos tributos consistentes principalmente en seres humanos para ser sacrificados casi a diario en los altares tenochcas.