¡Viva México Ca...!


Quincuagésimo octavo virrey

FRANCISCO JAVIER DE LIZANA

Y BEAUMONT

(Arzobispo de México)

(1809-1810)


          Este arzobispo llegó a México en el año de 1803, junto con el virrey Iturrigaray. Recibió su cargo eclesiástico e inmediatamente se puso a trabajar en favor de la feligresía con diligencia, honradez y celo. Tuvo mucho que ver en los sucesos de mediados del mes de septiembre de 1808 que derrocaron al virrey Iturrigaray. Fue también de los que propusieron a don Pedro Garibay para que se hiciese cargo interinamente del Virreinato; pero como la Junta de Aranjuez estuvo informada de que Garibay estaba ya anciano y enfermo, así como que sólo era un instrumento de los comerciantes ricos y de la Real Audiencia de Mëxico, dispuso que fuera sustituido interinamente por el arzobispo de México don Francisco Javier Lizana y Beaumont. Este tuvo que luchar contra muchos inconvenientes.

          Había la noticia del posible desembarco de Carlos IV, según instrucciones de Napoléon; pero aquí sólo se reconocería a Fernando VII; se declaró por bando solemne benemérita de la patria a la ciudad de Zaragoza y a sus heroicos defensores, que combatieron a los franceses; se embargaron al marqués de Branciforte y al duque de Terranova todos sus bienes, por haberse declarado partidarios del "rey" José I, obteniéndose sobre ellos un empréstito de tres millones de pesos en oro; con esa confiscación y préstamos, colaboraciones y adelantos de contribuciones, Lizana pudo remitir a España nueve millones de pesos. Lizana era hombre bondadoso, aunque carente de energía. Dejó por completo el manejo de los asuntos eclesiásticos en manos del inquisidor don Juan Alfaro, para él dedicarse al gobierno virreinal; dejó hacer y deshacer a muchos americanos, causando el disgusto de los españoles.

          Toda la Nueva España estaba alterada por las noticias y por el desarrollo de los acontecimientos, circulaban hojas anónimas, pasquines clandestinos y volantes; se llevavan a cabo juntas políticas, para buscar la forma de obtener la independencia; se criticaba a la Audiencia de México por el golpe de estado de los "parianeros", asegurándose que el camino legal había sido cerrado definitivamente por los españoles y que sólo quedaba abierto el de la aacción directa. El virrey estaba al tanto de todo y no lo impedía, por lo que los españoles de la Audiencia lo acusaban de ser partidario de los criollos.

          Fue entonces cuando se descrubrió una conspiración muy formal en Valladolid, de la Intendencia de Michoacán, encabezada por el teniente José Mariano Michelena y el padre fray Vicente de Santa María. Lizana hizo conducir a los recién aprehendidos a México, para tener una entrevista con ellos. El propósito de los conjurados, aseguró Michelena, era formar una Junta que gobernase en nombre de Fernando VII y que tomara todas las providencias para conservar el reino a tan "augusto" soberano. Lizana no encotró delito alguno qué perseguir y puso en libertad a los conjurados, con gran disgusto de los miembros del partido español. La Junta de Aranjuez informada, argumentó la avanzada edad del arzobispo-virrey y que eran muchas las exigencias del gobierno de la Nueva España y dispuso que éste entregara el gobierno a la Audiencia. Dicha entrega ocurrió el 8 de mayo de 1809. Lizana volvió al arzobispado, recibió la Cruz de Carlos III como recompensa a sus servicios y el 6 de mayo de 1811 murió en la Ciudad de México.

Fuente: Gobernantes de México de Fernando Orozco Linares.




Las fases lunares en México, D.F.



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