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MARTÍN ENRÍQUEZ DE ALMANZA
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Las incursiones de indios bárbaros llamados huachichiles llegaban hasta Querétero, amenazaban los centros mineros y el virrey personalmente dirigió una campaña para alejarlos y fundó los presidios de Ojuelos y Portezuelos en el camino a Zacatecas y el de San Felipe en Guanajuato en 1570.
En 1571 llegó a Nueva España don Pedro Moya de Contreras con el cargo de inquisidor, para perseguir idolatrías y a los judíos que no practicasen el catolicismo. En esa época arribaron nuevas órdenes religiosas como la de los Hospitalarios de San Hipólito, la Compañía de Jesús y otras menores. Los primeros se hicieron cargo de algunos hospitales y los segundos iban a ocuparse de la enseñanza. En 1573 se empezó a construir la Catedral de México y en 1574 el convento de la Merced, la parroquia de San Pablo y el Santuario de los Remedios, donde había una pequeña ermita fundada desde la escapatoria de la Noche Triste. En ese mismo año se llevó a cabo el primer auto de fe, en la plaza del Marquéz del Valle, donde se le dio castigo público a 63 penitentes.
En 1576 se produjo una terrible epidemia de viruela que mató a millares de indígenas. El virrey se ocupó actívamente en establecer hospitales para atender a los enfermos, procurándoles alimentos y atenciones. Este gobernante fue caritativo particularmente con los indios, a quienes dio trabajo pagado en la construcción de algunas obras para evitar las inundaciones, frecuentes en la capital al desbordarse los ríos del valle de México en la estación de lluvias.
Como en el Perú todavía había serios problemas y desórdenes, la Corona dispuso que don Martín Enríquez de Almanza, un buen gobernante en todos los sentidos, marchase a Sudamérica. Dejó un buen recuerdo, principalmente entre los indios a los que relevó del pago de tributos.
© Copyright Aimé - 23/06/2000
Las fases lunares en México, D.F.

